Niños que juegan a ser lo que no son lidian con la realidad que les favorece, pasando por encima de cualquier contratiempo.
El destino quiere jugar una mala pasada, pero aquellos pequeños pasan por encima sacándole la lengua con dinero que no es de ellos y que muestran con tal efervescencia que nada los hará callar, ni siquiera un personaje vestido de verde, que posee la mitad de los “contactos” que ellos poseen. Juegan a ser grandes con ropas de niños, gastan y gastan, creyendo que el dinero aparece entre las piedras, no le trabajan un minuto a nadie y casi nadie los molesta porque se pueden enojar y utilizar esas redes de contactos tan bien utilizadas que en dos minutos pueden terminar con la carrera de algún personaje desconocido para su mundo.
Ningún bar, discoteca o botillería les cierra la puerta, son bienvenidos, independiente de su edad o de si es legal venderles, total, su padre es amigo, socio, compadre, etc., del que esta de turno en el poder.
Son los niños que juegan a ser grandes, juegan a tener el mundo en sus manos, cuando en verdad lo único que han tenido ha sido privilegios y regalos extravagantes, que no sirven para nada, solo para creer que son importantes o de “estirpe”. Si te enfrentas a ellos no podrás hacer tu vida normal, son como los gatos con los ratones; una vez que te ven no te sacan los ojos de encima y una vez que te atrapan, primero juegan contigo y luego te sacan todo, no tienen piedad. Nunca han jugado con tierra: Se ensucian. Las piedras son para adornar el jardín, nunca para organizar una pichanga en la plaza o en medio de la calle. Cocinan porque van al instituto a estudiar como se hace. Las vacaciones de las “nanas” son con ellos en Cachagua, Mantagua o en algún lugar exclusivo de este país, porque los padres de estos niños que juegan a ser grandes solo saben hacer negocios y nada más, son pésimos padres, horribles como esposa o marido y empleadores del diablo, pagando sueldos míseros y tratando como esclavos a sus empleados. Probablemente jamás hayan lavado el auto con sus propias manos. Hay maquinas o personas que pueden hacerlo.
Si los ves en la calle no los mires a los ojos, te puedes contagiar. Es mejor que pasen por tu lado y crean que tu eres inferior, pero la verdad es distinta. Ellos no pueden hacer ni la mitad de las cosas que tu haces. Al pensar eso cuando pases por su lado, te hará sentir mejor que si te pones a discutir con ellos en la calle, porque funcionan como mafias: peleas con uno y desde las entrañas de los departamentos y las casas del sector alto de la capital, comienzan a aparecer seres extraños que con ojos que te miran en forma denigrante y furiosa comienzan a perseguirte para que te unas a ellos. No los mires a los ojos, se contagia y no se quita ni con inyecciones de humildad. Si los ves pasa de largo, no los tomes en cuenta y déjalos vivir su sueño. Son solo niños que juegan a ser grandes.